Capricho

Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de por qué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí:
es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mal oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.

No preguntes, amado, lo debes sospechar:
en la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.

Sí, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.

Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
Deseamos y gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.

Bien,; no, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves qué tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.

Alfonsina Storni El dulce daño, 1918.

tresrosasamarillas:

cholasquat:

Before Sunset, Richard Linklater, 2004

Eso.

aniuxa:

Para la ausencia

Hemos abierto los ojos.
La palabra le da de comer al enigma.
El enigma le da de comer a nuestros ojos.
Nos hemos incorporado.
La frente ha perdido su temblor nocturno,
su palidez suscita sombras.
La frente, allí donde hubo ondas como en el agua
cuando cae un guijarro.
(Pero no hay arrugas ahora
que indiquen la caída de un cuerpo.)

Estamos despiertos.
Pertenecemos a la voz que no volverá a nombrarnos,
al epitafio que no hicimos,
al pecho que la noche de otoño dardeó con su brillo.

Hemos abierto nuestra altura,
nuestra altura profunda como la muerte.
Y miramos la postergación,
la niebla inventada por la respiración frente al espejo,
el empañamiento inequívoco que el fondo del mar no necesita.

Sí, la seriedad de la luz nos hace sonreír.
Miramos la deserción y el periódico obligatorio,
las aguas que el abismo lanza en una caída de párpados,
la boca que intenta reverdecer en una palabra sagrada,
la tristeza donde el olor del infinito arrecia.

Lo sabemos de pronto.
Olvidamos el nombre del objeto preciso,
dejamos que la noche se descargue de sus sentencias desérticas.
Nos deslizamos por una sonrisa y esperamos algo en los ojos.
Desde una rama del árbol de la noche el invierno ha cantado por tercera vez.
En la luz de la luna no quedan sino estatuas
y formas que la mano no vive ya en el gesto.

No basta volverse hacia los labios y verlos a lo lejos
en la espuma que el mar escribe aún como un nombre amado.
Labios como el esfuerzo tardío del poniente,
desenraizados del beso que sienten todavía.

Pasan nubes como fechas extrañas.
Habrá puertas, sermones y palabras de rigurosa etiqueta.
Ceremonias de inútil efervescencia,
lámparas donde el fuego no levanta sus árboles.

Entonces, de pie, o sentados en el trono bastardo,
desaparecidos de la sonrisa que sí podía tocarse,
con la conspiración como un agente gastado;
sujetos a la presencia de una ciudad
cuyos discípulos y depositarios coleccionan el vacío
con pompas e inclinaciones de cabeza.
Allí, con las frentes descritas por el poniente,
con las manos recorriendo muebles y objetos
como escrutando una ausencia;
de pie, inconsolables y serenos, hablando
tal vez con un filo de clamor en los dientes;
seremos enjuiciados por el azar de lo determinante,
en un país inventado por la caída de la nieve.

José Carlos Becerra.
El Otoño Recorre las Islas.

-El “pero” es la palabra más puta que conozco -. “te quiero, pero…”; “podría ser, pero…”; “no es grave, pero…”. ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.

Ernesto Sacheri
El secreto de sus ojos

(Source: leopoco)

Ternura

Lo que más breve sea:
la paloma, la flor,
la luna en las pupilas;
lo que tenga la nota más suave:
el ala con la rosa,
los ojos de estrella;
lo tierno, lo sencillo,
lo que al mirarse tiembla,
lo que te toca y salva
como salvan los ángeles,
como salva el verano
a las almas impuras;
lo que nos da ventura e igualdad
y hace que nuestra vida
tenga el mismo sabor
del cielo y la montaña.
Eso que si se besa purifica.
Eso, amiga: tus manos.


Efraín Huerta
Poesía 1935-1968